¿Qué es el miedo? – Miedo en niños.

El miedo es una reacción normal de adaptación del cuerpo que surge cuando nos enfrentamos a determinadas situaciones que suponen una amenaza para nuestro bienestar físico o psicológico.

Son respuestas de ansiedad frente a estímulos concretos, como pueden ser la oscuridad, los perros o las tormentas. Los miedos típicos de la infancia van desapareciendo poco a poco, a medida que el pequeño madura.

La gran mayoría de los miedos surgen en la infancia porque existen numerosas situaciones nuevas a las que se enfrenta el niño durante su desarrollo. Estos miedos típicos de la infancia se denominan miedos evolutivos.

Estos miedos se consideran completamente normales y suelen desaparecer poco a poco, a medida que el niño va madurando. Que sean parte del desarrollo infantil no supone que estén todos presentes en todos los niños, su frecuencia ronda el 50%.

MIEDOS EVOLUTIVOS EN FUNCIÓN DE LA EDAD
0 – 6 meses Ruidos fuertes, pérdida del soporte emocional estímulos intensos y repentinos.
7 – 12 meses Objetos de aparición súbita, personas extrañas.
1 año Personas extrañas, separarse de los padres, heridas (agujas, inyecciones, cuchillos).
2 años Ruidos fuertes (aspiradora, sirenas, tormentas), habitaciones oscuras, separarse de los padres (se acrecienta).
3 años Animales, oscuridad, ruidos, máscaras y disfraces, separarse de los padres (se acrecienta).
4 – 5 años Animales, oscuridad, ruidos nocturnos, gente con aspecto inquietante, separarse de los padres.
6 años Brujas y fantasmas, perderse, dormir solo, oscuridad, tormentas, animales, muerte, separarse de los padres.
7 – 8 años Brujas, fantasmas, monstruos, sombras, sótanos, acontecimientos diarios que aparecen en los medios de comunicación, lesiones corporales.
9 – 10 años Fracaso escolar, ridículo, lesiones corporales.

El miedo es irracional por definición y los niños creen, además, que lo que temen es real, por lo que decirles que no es así resulta completamente inútil. Si un pequeño cree que el agua del mar se lo trabará cuando se acerque a la orilla, para él es totalmente posible, por muy irracional que nos parezca a los adultos.

Cuando los miedos se convierten en un problema

A veces es complicado determinar si estamos ante un problema o se trata de una etapa más del desarrollo del niño. En el cuadro adjunto se recogen los criterios básicos que debemos atender para saber si estamos ante un caso que necesita una atención especial.

MIEDOS
Se prolongan en el tiempo
Provocan gran intensidad en la respuesta
Causan malestar en el niño que los sufre
Interfieren en sus actividades diarias
Se prolongan en el tiempo

La actitud de los padres frente al miedo del niño.

La actitud de las personas que rodean al niño es importante para evitar que se agrave el temor y desemboque en alteraciones como la fobia.

Poniendo como ejemplo a un niño de 4 años con miedo a los gatos. Los padres pueden reaccionar bien cogiéndolo en brazos y alejándose cuando se cruzan con un gato para evitar que su hijo se exponga a un elemento que le genera un alto malestar, o bien enfadándose o burlándose del niño ante el miedo a algo aparentemente inofensivo, “eres un miedica, ¿no ves que el gato no hace nada?”. Con estas actitudes, lo que se consigue es que el pequeño muestre mayores reacciones de temor concluyendo que realmente existe un peligro.

También es común que se empleen amenazas con el fin de lograr ciertos comportamientos en el niño, “si no te comes todo, te voy a llevar al médico a que te pinche”, “como no te duermas va a venir el coco a buscarte”, etc.

Algunas de las pautas que pueden seguir los padres para ayudar al niño a superar los miedos son:

  • No ridiculizarlo.
  • Entender su miedo y ponerse en su lugar. Por ejemplo si es la primera vez que vive una tormenta, es normal que se muestre atemorizado.
  • Tranquilizarlo.
  • No utilizar el miedo como pauta educativa.
  • Demostrarle con la propia actitud que realmente no pasa nada. Si el niño ve que los padres, por ejemplo, tienen miedo a tocar un perro, es probable que él también diserta lo mismo y, seguramente, esa emoción le durará mucho tiempo.
  • Tener mucha paciencia. Cada niño necesita un tiempo para poder enfrentarse a las situaciones que le provocan temor.
  • No obligarle a que se enfrente a los estímulos que le provocan miedo de forma directa, porque, muchas veces, conseguiremos lo contrario: que tenga más miedo.

Pero, ¿como se vence el miedo? Haciéndole frente en vez de evitarlo. ¿Cómo desaparece el miedo a esquiar? Esquiando. ¿Y a hablar en público? Dando conferencias. ¿Y a conducir? Conduciendo. Lógicamente antes de practicar hay que educar, es decir, recibir clases de un monitor de esquí, leer libros sobre oratoria o ir a la autoescuela.

El potencial de los padres para ayudar a superar el miedo infantil excesivo es enorme. Un niño de cuatro años se despierta asustado por una pesadilla y rompe a llorar. Los padres se acercan a la habitación, encienden la luz del pasillo, entornan la puerta y lo tranquilizan a oscuras. Al no encender la luz del dormitorio, evitan que su hijo asocie oscuridad-pesadilla-miedo y, por el contrario luz-padres-seguridad. Igualmente, conceder mayor autonomía en vez de sobreproteger contribuye a que el hijo sea más independiente y previene que se aferre a la madre siguiéndola por toda la casa como si fuera su sombra.

Gracias a la educación, a la maduración y al desarrollo, la mayoría de los niños consigue vencer los temores característicos de la infancia, como el miedo a separarse de la madre o a los perros. Sin embargo, en un pequeño porcentaje de casos el miedo se agrave y, si no se trata, persiste hasta la edad adulta. Si el miedo es desproporcionado, produce sufrimiento al niño y altera el desarrollo, conviene solicitar la ayuda profesional de un psicólogo clínico infantil para solucionar el problema e impedir que el miedo se convierta en fobia o en trastorno de ansiedad.

Fuente:
Méndez Carrillo, Francisco Javier.
Ramos-Paul, Rocío.

2017-10-19T13:40:01+00:00

Deje su comentario