Cuando una persona está deprimida tiene una forma muy característica de pensar. Tanto la estructura de los pensamientos, como su contenido o el tipo de razonamiento que utilizan tiene en común una serie de características que dan estructura a este trastorno.

A continuación intentaré explicarte en qué se caracteriza el pensamiento de una persona que se encuentra deprimida.

Los pensamientos depresivos son automáticos e involuntarios, aparecen en tu mente sin desearlos. Es como si invadieran tu conciencia, incluso en contra de tu voluntad.

También son creíbles y enfáticos. Aparecen con mucha fuerza en tu mente, y tomas esa energía con la que surgen como prueba de que son pensamientos veraces y realistas. En ningún momento los cuestionas o los pones en duda.

Son rápidos. Tanto que a veces te puede dar la impresión de que no hubo pensamiento, por que lo único que notas es el malestar. Si pudiéramos grabar, rebobinar y volver a pasar lentamente el proceso que ocurrió en tu mente unas fracciones de segundo antes de notar la emoción negativa, encontraríamos algún pensamiento depresivo. En ocasiones, más que encontrar frases perfectamente construidas, surgen palabras aisladas pero muy cargadas de significado, como: fracaso, horror, fin, culpa. En otras ocasiones, quizás lo que aparezca son pensamientos en forma de imagen, lo que también dificulta su identificación.

El pensamiento depresivo incluye una visión oscura, negativa y distorsionada de uno mismo («Soy un desastre», «Todo lo hago mal», «Es por mi culpa»), del mundo, de los demás («La vida no tiene sentido», «Nadie me quiere») y del futuro («¿Para qué seguir luchando?», «No hay solución», «Nunca volveré a ser feliz»).

Las personas que sufren depresión poseen una forma especial de razonar. La característica más clara sería que utilizan procedimientos de razonamiento que no se basan en la lógica. Es como si estar deprimido te impidiera usar la información y los datos, tanto actuales como almacenados en tu memoria, de manera sensata, regional o científica.

Las personas que sufren depresión tienen una forma muy especial de razonar. Se caracterizan porque utilizan procedimientos de razonamiento que no se basan en la lógica. Es como si este bajo estado de ánimo, te impidiera usar la información y los datos, tanto actuales como almacenados en tu memoria, de manera sensata, racional o científica.

Estos son algunos de los principales errores de razonamiento

Focalizar en lo negativo

La atención está centrada fundamentalmente en los aspectos negativos o inadecuados. Esto sucede tanto en el día a día (de cualquier cosa que ocurra resaltarían los aspectos negativos) como de la información histórica almacenada en el cerebro, de la que sobresalen solamente escenas y recuerdos negativos. Por ejemplo, cuando María va a comprar y se olvida del azúcar, en su mente sólo aparece el error del olvido, no los aciertos de haber comprado todo lo demás adecuadamente. En muchas ocasiones, recuerda selectivamente errores cometidos en el pasado o situaciones negativas en las que se vio envuelta (una descortesía de una amiga, suspender un examen y olvidarse de recoger a su hijo), y sin embargo, es incapaz de rememorar las vivencias y experiencias positivas.

Otro aspecto importante de focalizar en lo negativo es la autodesvalorización. Se ven a si mismos como personas sin valor, inadecuadas o inferiores. Focalizan en las inhabilidades, pequeños defectos, y problemas que todos tenemos, aumentándolos y magnificándolos. Y olvidan o minimizan las habilidades, aciertos y valores.

Errores en el pensamiento depresivo

Personalizar:

Con frecuencia, las personas deprimidas tienden a verse como responsables al 100% de acontecimientos en los que apenas han participado e, incauso, no han participado en absoluto.

Por ejemplo, la hija de 9 años de María, en una excursión del colegio, se hizo una herida en la rodilla al caerse bajando del autobús. María cree que ella es la culpable porque «si yo no la hubiese dejado ir, no se habría caído». Esta es una de las distorsiones de razonamiento más perjudiciales en depresión. No se gradúa de forma adecuada el grado de responsabilidad o participación en el desenlace de un evento. Automáticamente se asume que hay una relación de causa-efecto entre la consecuencia y la actuación, cuando en la mayoría de los casos, no hay ningún tipo de conexión causal lógica. El resultado es que se autocondenan a ser culpables.

Pensamiento todo-nada

Suelen categorizar las experiencias en términos extremistas y dramáticos. La forma de evaluar las situaciones y las extracciones no se mide a través de un continuo sino de manera bipolar: blanco-negro, bueno-malo, perfecto-desastre, amor-odio. Con este filtro mental, hay muy pocas probabilidades de juzgar positivamente la realidad. Si no se alcanza la categoría de perfecto, el juicio que sigue es el e desastre.

Está muy conectado y favorece la localización en lo negativo. María concluiría que la cena del viernes, debido a que le faltó algo de sal en la ensalada, fue un completo desastre.

Generalizar

El error consiste en sacar conclusiones generales a partir de un detalle específico y conectado a una situación concreta. Este tipo de generalizaciones se aplica al desempeño personal («Soy un desastre»), a la acusación de los demás («Nadie me quiere»), y a cómo discurre el mundo y el futuro («El mundo es asqueroso», «Nunca mejoraré»). Nos parece de especial relevancia la generalización negativa que se suele hacer de los pequeños errores que se cometen día a día. Se confunde el nivel de ejecución de una determinada conducta («Derramé un poquito de leche al servir el desayuno») con la valía personal («No hago nada bien»).

pensamiento depresivo

Generalizar:

El error consiste en sacar conclusiones generales a partir de un detalle específico y conectado a una situación concreta. Este tipo de generalizaciones se aplica al desempeño personal («Soy un desastre»), a la actuación de los demás («Nadie me quiere»), y a cómo discurre el mundo y el futuro («Del mundo es asqueroso», «Nunca mejoraré»). Nos parece de especial relevancia la generalización negativa que se suele hacer de los pequeños errores que se cometen día a día. Se confunde el nivel de ejecución de una determinada conducta («Derramé un poquito de leche al servir el desayuno») con la valía personal («No hago nada bien»).

Sacar conclusiones sin datos:

A partir de información muy sesgada e, incluso, de información claramente en contra, se llega a conclusiones. El hermano de María le felicita por su excelente asado de carne, y le sugiere que mañana podría hacer pescado. María concluye que a su hermano no le ha gustado nada la carne. Algunas veces da la impresión de que la gente deprimida tiene la capacidad de leer la mente de sus interlocutores o de adivinar el futuro, porque llegan a conclusiones que no se desprenden en absoluto de la realidad presente. María queda a tomar un café con su amiga, y en medio de una charla animada, ésta le dice que lo está pasando muy bien. María concluye: «le doy pena, está harta de mí».

Excesivo uso de expresiones debería / tengo que

Se exigen hacer cosas que actualmente no pueden hacer debido a su estado de ánimo deprimido («Debería ir a trabajar», «Debería apetecerme salir»), y se exigen no haber actuado de la forma en que lo hicieron cuando en realidad no podían actuar de otra forma en que lo hicieron cuando en realidad no podían actuar de otra forma («Debería haber sido más atento con mi mujer, así no me habría dejado»). Estos imperativos morales funcionan también referidos al mundo («¿Por qué a mí?», «No debería haberme ocurrido») y a la actuación de los demás («No hay derecho», «El/Ella no debería haber actuado así»).