Cuando decidí dejar la comodidad de mi despacho, de mis papeles, mis libros y la seguridad que me proporcionaba mi sitio, mi mesa y silla de la consulta, para coger el coche y recorrer los pueblos de la Sierra de Madrid de casa en casa, trasladando esa consulta al salón, cocina o habitación a mis pacientes, no estaba segura de si realmente era una buena idea.

Ahora que ya ha pasado un tiempo, ya van varios Kilómetros y varias casas visitadas, puedo decir que es la mejor decisión profesional que podía haber tomado.

La alianza terapéutica se establece antes en el trabajo domiciliario que en la consulta

Un porcentaje muy alto del éxito de la psicoterapia tiene que ver con la alianza terapéutica.

Hasta el momento, muchos autores coincidían con que el lugar en el que se desarrollaba la terapia tenía  una relación muy directa con esa vinculación entre el terapeuta y el paciente. Yo también lo creía así, y durante años me aferré a mi despacho, a su ubicación, a su olor, al color de las paredes, la decoración, mi mesa; en definitiva, a mis cosas.

Así, cuando me plantee llevar el despacho a cuestas, una de las cosas que más me preocupó fue si la vinculación entre el paciente y yo se vería de alguna manera influida, y la respuesta es sí, claro que el establecimiento de la alianza terapéutica tiene que ver con el espacio donde se desarrolle la terapia, porque el espacio está directamente relacionado con la comodidad y seguridad que el paciente es capaz de sentir para abrirse al psicólogo, el cual tiene que mostrar que cuenta con las habilidades terapéuticas necesarias para mantener esa alianza y compromiso.

¿DONDE DAMOS LA SESIÓN?

¿Donde nos ponemos? Esa es la primera pregunta que me hace todo el mundo en cuanto entro en su casa, ¿donde quieres sentarte?, ¿como lo hacemos?.

Donde tú quieras, esa es y será siempre mi respuesta. Tú tienes que estar cómodo, así que elige tu lugar, tu espacio y la parte de tu casa y de tu sofá o silla preferida y donde mejor te sientas.

A todos nos resulta complicado abrir las puertas de nuestra casa a un desconocido, porque nos sentimos vulnerables y sobre todo creemos que nos van a juzgar. Esto mismo es lo que a mucha  gente le hace dudar sobre acudir o no a un psicólogo cuando tiene un problema.

Por este motivo, cada vez que alguien me pide cita, creo que está siendo doblemente valiente, por un lado al abrirse ante un desconocido para pedirle ayuda y por otro, al abrirme su casa, su espacio y compartir su zona de confort conmigo.

Como psicóloga he dejado la comodidad y la seguridad de mi despacho, para que el paciente sea atendido de una manera cercana desde la comodidad y seguridad de su hogar.